Caracteristicas de la monarquia

Características de la monarquía

A continuación, vamos a exponer algunas de las principales características que definen a la monarquía, ya sea la actual o la monarquía contemplada a lo largo de los siglos. Muchas de estas características no han sufrido ningún cambio y siguen con la misma vigencia que entonces. Veámoslas de una en una:

Las monarquías

1 – Ha de tener reyes y reinas:

Toda monarquía que se precie debe tener un monarca, cuya máxima representación es la figura de un rey o una reina. El monarca o jefe de estado suele tener derecho de gobierno basado en su origen sanguíneo desde el nacimiento, de modo que la monarquía se hereda de padres a hijos o a familiares cercanos.

Actualmente, en el siglo 21 ya es difícil ver un rey que sea el jefe de estado de una nación. Actualmente siguen existiendo los reyes y las reinas, pero su figura tiene un carácter más simbólico y ejerce papeles de representación, sin ningún peso en política.

2 – Carácter hereditario:

Casi todas las monarquías de ahora y del pasado se han basado en su carácter hereditario para elegir los nuevos monarcas o jefes de la nación. Existen excepciones, como es natural, como en el caso del Vaticano, donde el voto de castidad y la imposibilidad de tener descendencia impiden que el máximo mandatario pueda ser un derecho heredado por sus propios vástagos.

Ha sido tan importante el tema sanguíneo en la historia de las monarquías, que las familias reales buscaban casarse con otras familias reales, convirtiendo así, la monarquía y oligarquía de casi todo el planeta en una gran familia donde los reyes se casaban con primas lejanas y no tan lejanas, dando lugar a una serie de enfermedades cuyo origen está en la consanguinidad. Un caso muy claro de esta consanguinidad lo encontramos en la figura del monarca Carlos II de España, también conocido como “El hechizado”. Su padre de Felipe IV estaba casado con la hija de su hermana, por lo que dicho príncipe no solo heredó el título de su padre, sino también la enfermedad llamada “síndrome de Klinefelter”. Pagando con creces el precio de tener la sangre azul.

Carlos II

3 – La religión:

La monarquía en ocasiones va de la mano con la religión. Si una nación tiene una religión mayoritaria, lo normal es que su monarquía esté fuertemente asociada con ella. Ambas instituciones se ayudaban y fortalecían mutuamente. Debemos remontarnos por tanto a los orígenes de la monarquía donde a falta de un sucesor hereditario, era la religión la que elegía al rey aludiendo a Derecho divino y donde la autoridad para dirigir a un pueblo la marcaba el propio Dios.

Monarca funeral

4 – Mandato de por vida:

Un monarca gobernará durante el tiempo que la monarquía exista y durante el tiempo que su propia salud le permita. Al contrario que los políticos, que tienen un mandato limitado a pocos años, los reyes alcanzaban el poder tras un padre muerto o moribundo, y mantenían su poder y gobierno hasta su propia muerte. En circunstancias excepcionales, casi siempre por temas de salud física o mental, se podía elegir abdicar en su sucesor más cercano.

5 – identidades sociales:

Ninguna monarquía se parece a otra. Al igual que con la mayoría de sistemas políticos, las monarquías no son iguales entre sí. Más bien, podemos decir que cada monarquía adquiere la identidad propia de la cultura de su país, arraigada en las costumbres sociales y siempre en función del clima político.

6 – Limitación de poder:

Por último, la característica más representativa de un rey, que es el poder. La mayor parte de las monarquías del siglo 21 son constitucionales,  donde el poder del monarca viene limitado por la constitución. Esto quiere decir que la constitución tiene una autoridad más alta que el rey. Nada que ver con las monarquías absolutas antiguas en las que el monarca estaba completamente al cargo del país.

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